Josmachine Punto Com

Abril 9, 2008

Los pingüinos voladores de la BBC

Archivado en: Curiosidades, Delirios, Videos — Josmachine @ 9:31 pm
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Probablemente si un niño nos preguntase si los pingüinos pueden volar nos sonreiríamos ante la candidez de la pregunta. Seguramente contestaríamos con toda la condescendencia del mundo que no, que a pesar de ser aves y tener ala, los pingüinos no vuelan. Aunque ¿a quién no le gustaría verlos surcando los cielos azulados?

Pues gracias a la BBC si un niño les hace esa pregunta, ustedes podrás responder que quizás y después mostrarles este vídeo.

Esta es la magia que tiene la televisión.

Vía: Pixfans

Marzo 24, 2008

Dificultades a la hora de crear un videoblog

Archivado en: Delirios, Humor, Videos — Josmachine @ 12:30 am
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Cualquiera que haya leído de forma medianamente regular los post que escribo aquí e incluso en Antiegos sabrá que hace tiempo que voy detrás de la idea de crear un videoblog. Uno de los principales problemas a los que me enfrento es el de la página en blanco, la pantalla en blanco podría decirse en este caso.

La cuestión es que, en la teoría, he aprendido qué es y cómo funciona un videoblog, cuáles son las mejores formas de hacerlo funcionar y distribuir y, además, no me faltan ideas. Pero por algún motivo no termino de decidirme. Creo que mi principal temor se basa en la continuidad. De hecho, Antiegos y este mismo blog han disminuido en su frecuencia de posteo, por supuesto, debido a las obligaciones y compromisos de lo que llamamos “vida real”. La cuestión es que, a pesar de todo, la idea no se me va de la cabeza. A ver si encuentro una motivación y un punto de arranque que me sirva de detonante e inspiración. Si se os curre algo, soy todo oídos. Aquí os dejo uno de los vídeos fallidos de prueba.

Febrero 23, 2008

Ni tanto ni tan calvo

Archivado en: Delirios, Humor — Josmachine @ 2:04 am
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Desde ya pido disculpas por el post que estoy a punto de escribir pero estoy seguro de que no soy el único que ha pensado esto alguna vez. Aquello de que enseñarle a alguien el culo de forma burlona se llame “hacer un calvo” parece tener una explicación de una simpleza que tira para atrás. Imagino que la inesperada imagen de un trasero lanza a la mente una suerte de analogía visual que, con el tiempo, ha conseguido que la expresión quede perfectamente enquistada en el vocabulario popular.

Pero, ahora bien, ¿no sería más acertado un término del tipo “hacer dos calvos” por ejemplo? Además, tal como comento en la tira, esto de “calvo” no sé cómo será hoy que vivimos días de metrosexualismo, pero os aseguro que yo conozco a más de uno que le gustaría tener la mitad de flequillo en la cabeza que el que tiene en…

En fin, dejando al lado el mal gusto os pregunto dos cosillas:

  1. ¿Os han hecho alguna vez un calvo?
  2. Y vosotros, ¿lo habéis hecho?

:lol:

Febrero 19, 2008

Las calabazas que nunca llegaron

Archivado en: Delirios, Humor — Josmachine @ 11:16 am
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Todos hemos sido jóvenes alocados, púberes cándidos y/o giliputienses de la hormona. A esa edad nos vemos invadidos por certezas como que nuestros amigos nos entienden mejor y son más listos y leales que nuestros padres, que en revistas tipo Nuevo Vale, Superpop o Ragazza, que leíamos en secreto robadas de la mesilla de nuestras hermanas, se encuentran las claves apócrifas del sexo y las mujeres, que nuestra media naranja, una persona perfecta para nosotros que aúna todo lo que deseamos (además de estar más buena que el copón) pulula por ahí esperando a ser encontrada, seguramente en la Copy, en Disco Lemmon o en el Blue Pink Pub y que si no nos encontramos nunca será por culpa de ese portero cabrón al que le voy a restregar el DNI por la cara el día que cumpla 18 (¡Niñato tu padre!).

Ay, que tiempos… El caso es que al margen de la broma, la adolescencia es una etapa muy, pero que muy difícil ¿eh? Nos gusta pasar más tiempo con nuestros granos que con nuestros padres, podemos jurar con la misma determinación ante un amigo una amistad eterna o ante nuestra madre que no volveremos a bajar más la basura. Somos impulsivos, irracionales y egoístas y nuestros enamoramientos son patológicos.

¿Qué grado de sinceridad había en esos sentimientos de amor que éramos capaces de sentir? ¿Qué nos empujaba a buscar pareja, el sexo, el ego? ¿Y las calabazas? Cómo dolían ¿eh? Dolían más que un cero en mates, más que si tu amigo se compraba las zapatillas que tú querías, mucho más que cuando tus padres te obligaban a irte con ellos de viaje justo el fin de semana que el Chimo hacía una fiesta en su campo por que no estaban su padres. La extensión de nuestra existencia era bastante limitada, el instituto, casa y los fines de semana, pero nuestros problemas eran los más grandes del mundo y las calabazas eran lo peor.

Debo reconocer que yo no me llevé muchas, no sé si porque mi cobardía me impedía dar el paso a no ser que estuviese muy, muy seguro, o porque realmente era un tipo absolutamente arrebatador. :) La cuestión es que cuando ocurría era horrible, una punzada al orgullo imposible de sentir si te afeitas más de una vez por semana. Pero las peores calabazas no eran las que te explotaban en la cara con un NO cortante, no, la peores eran las que te mantenían en vilo, aquellas que eran como fantasmas de una pregunta no contestada. “Tengo que pensármelo”. Esta frase que en la vida adulta es un eufemismo en toda regla, en la adolescencia es un resquicio de esperanza, una posibilidad que nuestra mente se niega a diluir. Un “tengo que pensármelo” es la calabaza que nunca llega, una que te clava al lado del teléfono esperando una llamada, que te mantiene despierto en la cama soñando con un futuro que nunca existirá mientras la otra parte ya ha tomado la decisión. Un “tengo que pensármelo” es un acto de humillación y cobardía.

Amigos, les invito a que nos cuenten sus historias de dolor adolescente, de desengaños, de traiciones, de risa. Porque ahora nos reímos ¿no?

Enero 28, 2008

Las miradas en los cajeros

Archivado en: Delirios, Humor — Josmachine @ 6:33 pm
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Ante todo decir que no voy meándome por los cajeros autómaticos. Evidentemente, de esta tira, lo que está basado en la realidad es la obsesión y el miedo que tiene la gente en los cajeros automáticos. Y no digo que no haya que tener cuidado, claro que sí, pero es que a veces me parece algo desproporcionado.

Hoy, por ejemplo, he entrado en un cajero a sacar dinero para hacer la compra y, a pesar de que el banco estaba abierto y lleno de gente, con los sistemas de seguridad a pleno rendimiento, el hombre que había delante de mi me ha echado una mirada por encima del hombro que, desde luego, si yo fuese un delincuente, habría pensado que ahí había mucha pasta. No sé, no es que me sienta ofendido ni nada de eso, pero es una de esas cosillas que te hace preguntarte en qué escala de macarrísmo estará tu aspecto.

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